Por Julimar Sáez-Colón, Miglany Gomila-Romero y Alfonso Martínez Taboas, Ph.D.
Es posible que en algún momento de su vida piense en la muerte. Sin embargo, no se siente cómodo y preparado para dialogar sobre el tema y, por consiguiente, prefiere evitarlo.
Para comenzar a vencer el miedo que se le tiene al concepto de la muerte debe entender que la muerte es un proceso natural de vida que inevitablemente le ocurre a todas las personas. Para mucha gente este proceso conlleva cinco etapas, que Kubler-Ross denominó como: negación, ira, negociación, depresión/ tristeza y aceptación. Estas etapas explican cómo el ser humano se va sintiendo respecto a la muerte.
En la negación se resiste a la idea de que ha perdido a un ser querido o se resiste a pensar que en algún momento no tendrá su presencia. La sociedad ve como “normal” que las personas lloren o se sientan tristes tan pronto ocurre una muerte, sin embargo, a veces las reacciones de las personas pueden ser muy distintas.
En la ira se sente enojado con los que gozan de salud y de tener a todos sus seres queridos vivos. Por su parte, en la negociación trata de hacer acuerdos con Dios o alguna divinidad para que le permita estar con sus seres queridos mucho tiempo. En la depresión/ tristeza sente una profunda sensación de pérdida. Finalmente, llega a la aceptación y hace las paces con ustedes mismos y acepta que ha perdido a la persona o que inevitablemente en algún momento la perderá y debeaprender a cómo continuar.
Debe tomar en cuenta que estos procesos no son rígidos y van a variar según la persona afectada. Puede que una persona pase por el duelo y rápidamente acepte la muerte de la persona querida. Igualmente, el espacio de tiempo en el que una persona esté en una fase va a ser determinado por varios factores, entre ellos:
- La cercanía y relación afectiva con la persona que falleció.
- Las circunstancias de la muerte.
- La capacidad que tiene la persona para reponerse de una pérdida.
- El apoyo social disponible.
- La edad
¿Qué puede hacer?
Adolescentes, jóvenes y adultos:
- Dialogue con sus seres queridos sobre lo que piensa y cómo se siente acerca de la muerte. De esta forma comparten opiniones y pueden descubrir formas alternas de percibir el tema.
- Si su preocupación mayor es dejar solo a sus seres queridos, aproveche cada día para ofrecerle amor y al mismo tiempo seguridad para que, en el caso de que usted faltara, la persona pueda manejar su vida de manera independiente.
- Converse sobre diversos temas, tales como: qué le gustaría que la persona continúe haciendo en su ausencia y cómo le gustaría ser recordado.
- Dialoguen sobre aspectos que entiende que aún no han realizado, factores que debe resolver para poder sentirse con tranquilidad y trate de eliminar arrepentimientos futuros. Así puede garantizar la paz mental necesaria para tener una calidad de vida positiva.
- Entienda que si la persona está enferma o es mayor de edad en cualquier momento puede fallecer. Aproveche y comparta con esa persona en la medida que pueda para que se le facilite el momento de su muerte.
- Si su temor es que tiene incertidumbre de no saber qué hay después de la muerte, busque orientarse mediante la lectura de libros de tanatología o recurra a algún guía espiritual de su preferencia. Es normal que el ser humano muestre temor por lo desconocido. El problema yace cuando este temor nos impide llevar a cabo nuestro diario vivir.
Niños:
A veces se piensa que por ser niños no van a entender lo que es la muerte y, por ende, tratan de evadir la explicación de dicho concepto. He aquí las siguientes recomendaciones:
- No recurra a utilizar la consabida explicación de que su ser querido murió “porque Dios se lo llevó al cielo”. Esto puede provocar que el niño experimente coraje con Dios y quebrante la base religiosa y de fe a la que ha sido expuesto.
- No debe mencionarle que el ser querido se marchó o que está de viaje. Esto puede contribuir a que el niño se sienta abandonado y rechazado. Utilice el concepto correcto.
- Háblele de los ciclos en la vida. Con niños pequeños puede utilizar metáforas. Por ejemplo: muéstrele una flor marchita y una sin marchitar. Descríbale cómo el ciclo es florecer de forma hermosa, embellecer y alegrar a personas y cuando cumple esta misión se marchita. Compare el ciclo de la flor con el de los seres humanos, que nacemos para cumplir unos propósitos y cuando esto ocurre dejamos de pertenecer físicamente pero el recuerdo va a pertenecer de la misma forma que recordamos las flores.
Sobre los autores:
Julimar Sáez-Colón y Miglany Gomila-Romero son estudiantes del Programa de Psicología Clínica, Ph.D. de la Universidad Carlos Albizu y Alfonso Martínez Taboas, Ph.D. es Facultativo del Programa de Psicología Clínica, Ph.D. de la institución.