Obituarios Logo
  • InicioInicio
  • InicioDirectorio
  • InicioArtículos
  • InicioBúsqueda
  • InicioServicios
  • InicioContacto

La última entrevista con Ruth Fernández


martes,10 de enero de 2012
Por Patricia Vargas / End.pvargas@elnuevodia.com

El 5 de marzo de 2010, la cantante hablaba con este diario y pedía que se acabaran las pugnas legales por su custodia y por su dinero.  Aquí lo que historia:

Ajena a la pugna que se debate en su entorno entre familiares que se disputan su custodia, la cantante Ruth Fernández descansaba en su cama como toda una diva cuando recibió a El Nuevo Día en su casa en Bayamón.

 

“El alma de Puerto Rico hecha canción” estaba maquillada y con peluca rubia. Lucía una bata colorida y un collar de medallas de oro a juego con una pantallas enormes y varias pulseras. Parecía ser la Ruth de antes, la Ruth de siempre, a no ser porque todos saben que sufre de Alzheimer.

 

“Aquí estoy, sencillita, en mi camita, porque a mí no me posterga nadie. Nunca he sido bonita, porque sé que nací fea, narizona y negra, pero siempre me he arreglado bien y me veo elegante. Uso mis manos graciosamente, como decía don Luis Ferré, ‘como manos de paloma’ ”, dijo a manera de saludo la artista, quien conversa con fluidez, aunque con las lagunas que su enfermedad provoca en su memoria inmediata.

 

¿Está consciente Ruth Fernández de que existe un litigio por su custodia? ¿Que se pide que la declaren con incapacidad? ¿Conoce del deterioro de la casa en la que vive y de la falta de unos $400 mil en su cuenta bancaria?

 

No lo sabía... o no lo recordaba. Su cuidador, Alfredo Arroyo, se encargó de ponerla al día en todo lo que ha salido publicado en la prensa del País.

 

“Pero si siempre le he dado a mis sobrinos todo lo que me piden. Siempre he estado a cargo de lo mío y Alfredo me ha ayudado y mis sobrinos. Toda la vida he tenido la mente clara y no he necesitado ese tipo de tutoría. Los zapatos, la ropa, los viajes, todo lo he comprado yo. No es que me crea autosuficiente, porque soy una mujer mayor, pero no la necesito (la tutoría). Toda mi vida he trabajado haciendo mi capital”, aseguró la ex legisladora.

 

Sobre su alegada incapacidad dijo: “¡Ay que pretty! Ahora quieren la incapacidad para coger los chavos de la negra”.

 

Y en cuanto a la alegada falta de dinero señaló que habrá que indagar.

 

“Eso hay que investigarlo porque no voy a demandar a mis sobrinos, pero quiero saber dónde están. A la gente le gusta hablar mucho, crear bochinches, pero mi familia y Alfredo han sido honestos conmigo y todo el que ha estado en mi casa, si no los hubiera sacado de aquí porque yo tengo valor suficiente para eso”.

 

En medio de la conversación, Ruth se preguntaba por qué sus sobrinos nietos tenían que manejar lo que había trabajado toda su vida y pedía la paz entre sus familiares.

 

“No hay que estar peleando, lo que hay es que sentarse a hablar. Esto lo que me da es vergüenza y pena, y todo por cuatro perras”.

 

El control de la casa

Entonces, con la voz firme asevera que en su casa quien manda es ella.

 

“Todavía tengo mis facultades. Todo se me consulta. Todo son celos tontos de familia. Amo a mis hermanas y mis sobrinos y a esta edad de mi vida me entero de un disgusto familiar por algo que produzco yo. Siempre tuve el control de mi casa. He tenido personas que me han venido a ayudar, como este muchacho (Alfredo), que ha sido como mi hijo y no me ha quitado un centavo porque no soy boba. Todo lo comparto con mi familia, lo que puedo, porque ellos todos trabajan y no voy a quedarme desnuda para darlo todo a ellos, aunque los quiero y los adoro”.

 

Ruth nació en el 23 de mayo del 1916, aunque confiesa que a veces decía que había nacido en el 1919, “para hacerme más jovencita”. Al pasar inventario, lo que le viene a la memoria es la de una vida maravillosa, la de una abuela que crió a los suyos con amor.

 

En paz con la vida

“No he tenido sufrimientos. De niña fui lista porque no me dejé explotar por nadie cuando comencé a cantar y me pagaban por este regalo que Dios me dio, la voz. No he sido una esloquillá. Me casé... no pudo ser y me divorcié, y la negra ahí. No tengo de qué quejarme. He ganado tanto que he podido compartir con otros. Así que cuando Dios decida llevarme, me iré porque no tengo otro remedio. No hice cosas malas de las que tuviera que arrepentirme. Ni hablé cosas feas; me he cuidado para que este pueblo, que me ha querido tanto, se sienta orgulloso de mí”.

 

Ese orgullo parece visitarla nuevamente cuando afirma que no canta porque no quiere.

 

“Lo único que tengo que hacer es llamar a un empresario y decirle que quiero hacer un show, pero los años pasan y pesan y ya no soy la misma. Pero no he perdido el entusiasmo”.

 

Sobre el dinero que desapareció de la “Casa del Artista” y por el que se le llegó a responsabilizar, Ruth reiteró que no tiene nada que ocultar.

 

“No sé si los artistas lo desaparecieron, pero no fui yo. No tengo nada que ocultar, por Cristo y mi madre muerta”, sostuvo con los ojos llorosos, momento en el que Arroyo salió en su defensa.

 

“Se vendió la casa del artista y se le dio el dinero a Coribantes. Ruth no tiene nada que ver con eso. La chequera personal de ella siempre estuvo abierta para los artistas. A muchos les ha salvado la casa cuando han venido llorando a pedir dinero y ahora se quedan callados”.

 

Luego de secarse las lágrimas, y más compuesta, Ruth se incorporó en su cama para dirigirse a su pueblo.

“Los amo, siempre, nunca le he fallado. Defectos tenemos todos, pero mi corazón lo conoció mucha gente, pero como no se dicen se lo dejo a la historia”.

 

El 11 de mayo, el tribunal decidirá si Ruth Fernández quedará bajo la tutela de sus sobrinos nietos -Miguel, Jaime y Rosadelle Torres- o bajo la de Alfredo Arroyo, quien la tuvo anteriormente.  

 

(Foto: Archivo de El Nuevo Día)

 
 
 

footer logo

Copyright © 2011 Esquelas.pr. All rights reserved.

Contactos:
Tel.: 787-641-8000 Ext. 2074
Email: info@esquelas.pr

  • Enlaces Principales:
  • Inicio
  • Servicios
  • Artículos
  • Directorio
  • Búsqueda
  • Contacto
El Nuevo Dia Primera Hora