Por Isis D. Serrano Otero y el Dr. Sean K. Sayers Montalvo
Tanto la vida como la muerte son procesos que deben ser considerados como natural y parte integral de lo que somos. En algún momento, hemos sentido la pérdida física de un ser querido o un ser cercano. Esta pérdida lleva a que se experimente una desorganización en nuestros sentimientos, pensamientos y conductas.
De igual forma, muchas veces pensamos en que eso que le pasó a ese familiar o conocido me puede pasar a mí. Las causas de la muerte son diversas y, en ocasiones, inesperadas. Es por esta razón, que muchas veces podemos sentir temor hacia la muerte porque no sabemos en qué momento o cómo nos va a tocar. La única certeza que tenemos en relación a la muerte es que en algún momento va a llegar. Dependiendo de qué tan fuerte y estable estamos física, psicológica y emocionalmente, será la forma en que este tipo de pensamiento nos puede afectar.
A continuación, se ofrecen algunos consejos para poder manejar esta situación:
- Aceptar la muerte como un proceso natural de vida. Sabemos que la vida y la muerte son parte del ciclo natural de desarrollo del ser humano. Si aceptamos que este ciclo es inevitable, podemos entonces enfocar nuestra atención a vivir y disfrutar cada día.
- Realizar tareas que nos llenen de vida y placer. Cuando nos enfocamos a vivir y disfrutar cada día, opacamos los pensamientos de muerte. Realizar actividades al aire libre, mostrarse activo y producir cosas nuevas nos llenan de energía y dan significado a nuestra vida. Por ejemplo: realizar artesanías, unirse a grupos de su misma edad o mismos intereses, realizar ejercicios en compañía de alguien, entre otros.
- Buscar un apoyo espiritual. Sin importar la creencia, es de gran apoyo tener un sostén espiritual que nos llene de aliento y esperanza. Por ejemplo: visitar alguna iglesia, realizar meditación en ámbitos naturales, fortalecer la fe, entre otros.
- Identificar cuál es el propósito de mi vida. Identificar el propósito de nuestra existencia nos ayuda a valorizar el presente. También nos hace conscientes de que somos importantes para otras personas, como a los nietos, la mascota, las amistades, entre otros.
- Realizar reflexiones diarias enfocadas en pensamientos positivos. Poder reflexionar aisladamente sobre aspectos, cualidades y características positivas de uno mismo y de las cosas que nos rodean, nos puede llevar a tener una visión diferente de lo que puede ser ese día. También es importante mantener una actitud positiva sobre qué esperar del futuro. Diga: “Hoy va a ser un gran día”, “Mi día va a estar lleno de cosas grandes”, entre otros.
- Realizar una evaluación de mi proceso de vida y fijar metas personales. Es importante poder sacar un momento para pensar y evaluar sobre qué cosas he hecho e identificar las cosas que siempre quiso hacer, pero por alguna razón no las hizo. Nunca es tarde para comenzar un nuevo proyecto o aventura ya que en estos momentos tengo la oportunidad para llevarlo a cabo. Por ejemplo: aprender a bailar salsa, visitar museos, realizar turismo interno, entre otros.
En resumen, no existe una receta que sea fija para todo el mundo, ya que la muerte es un aspecto inesperado y que no nos toca a todos por igual. Cada persona es diferente en cómo maneja y piensa sobre este proceso natural de vida. No debe causar angustia ni afectar nuestro bienestar. Debemos pensar en la muerte como parte de nuestro proceso de vida.
Al tener conciencia de nuestra vida, aceptar e identificar las metas y los propósitos y reflexionar cada día con alguna base espiritual, son solo algunas maneras de combatir el pensamiento hacia la muerte. Recuerde que lo más importante es poder sentir que cada respiro me puede llevar a algo nuevo e inesperado, pero extraordinario.
Sobre los autores: Isis D. Serrano Otero es estudiante del Programa Doctoral de Psicología Clínica, Ph.D. de la Universidad Carlos Albizu, y el Dr. Sean K. Sayers Montalvo es facultativo del Programa Doctoral de Psicología Clínica, Ph.D. de la misma institución.
(Foto: Archivo de Esquelas.pr)